sábado, 19 de abril de 2014

Mi sol, mi luna, mi.. todo

Felicidad.. Que palabra más trillada, pero a pesar de todo sigue siendo una hermosa idea que contemplar cuando se encuentra vagando por los rincones de la mente. Puede que no tenga ni la más remota idea de cómo se siente a plenitud dicho sentimiento, pero.. ¿Qué es exactamente esa – tan rebuscada – felicidad? No es más que el sentimiento que llega al cuerpo intensamente de la misma manera en que las nubes pesadas y melancólicas colisionan haciendo estremecer los cielos llenándolos de aquella brillante luz cuando encuentras se visita una librería y se logra visualizar ese tan deseado libro perfectamente alineado en uno de esos viejos estantes con libros arrastrados por el viento del olvido, cuando se está en camino a algún destino en específico y algún señor pronuncia el nombre de la canción que sirve como anestesia para todo lo que en ese momento se encuentre en dicha mente, cuando se escribe algo que deja tan orgulloso y satisfecho hasta a su autor, cuando se ve su película favorita por enésima vez hasta incluso completar los diálogos, cuando se siente el frío e invernal viento chocar contra tu rostro o hasta cuando un simple gatito se acerca a ronronear en sus alrededores. Todos esos hechos que son capaces de llenarme de felicidad, o lo más cercano a ella, son inexplicablemente preciosos.

Pero hay específicamente uno que es capaz de vencer todas y cada una de las barreras que yo misma quiera imponer para detener su paso. La felicidad es ver aparecer en aquel cansado rostro una encantadora sonrisa, es juntar mi cuerpo al suyo entregándole hasta mi alma en aquel roce y a su vez sentir cómo la toma de la misma manera en que la tierra bajo mis pies succiona las gotas que el cielo llora, es sentir, escuchar y apreciar la manera en que su corazón late tan débil pero a la vez cómo el más fuerte que podría existir, es sentir el roce de mis uñas con su piel intentado formar largas marcadas color carmesí a lo largo de sus brazos, es ver la manera en que sus venas sobresalen de su piel de tal manera que podrías seguirlas cómo si fuese el mapa que mejor se ha diseñado, es sentir sus manos frías cómo una roca sobre mi cálido cuerpo deseando que estas acaricien cada centímetro de mi ser, es ver cada pequeño movimiento que haga que luce perfecto por más insignificante que este sea, es sentir la manera en que su pesada mirada se posa sobre mi admirándome, quemándome, haciéndome morir un poco más cada segundo cómo las veces en que pronuncia mi nombre, es escuchar su voz tornarse en música para mis oídos, es sentir sus suaves y dulces labios sobre los míos, totalmente rotos, ejerciendo en mi el mismo efecto que un buen té caliente al final de un ajetreado día, y es hasta sentir su casi imperceptible respiración y solo su – pesada – presencia misma a mi lado que funciona como un analgésico hecho a la perfección para mi, solo para mi.

Me sorprende la manera en que somos tan diferentes pero a la vez tan iguales, pero sobre todo la manera en que – incondicionalmente – actuamos como sedantes uno sobre el otro, cómo estabilizadores en cada aspecto posible, la manera en que sabemos cuando el otro no se encuentra bien con solo observar su manera de expresarse, como sabemos exactamente qué hacer para llenar el vacío ajeno a cada uno, como sabemos verter agua salada en sus heridas y él en las mías para luego cuidarlas hasta que sanen, como nos soportamos cuando ninguno de los dos logra si quiera soportar su propio infierno interior. Me cuesta creer que todo esto tan real cómo mi necesidad de un cigarrillo y una copa de vino sobre aquel tejado donde solía soportar aquellas ventiscas en las noches de invierno.

Él es mis pequeños momentos de felicidad recopilados en un saco de huesos con aspecto de drogo. Él me ha traído a este agridulce infierno del que no deseo partir, deseo que me consuma hasta que ya no quede nada y mi corazón deje de rogar por más. Él tiene un pequeño hogar en mi mente, adueñándose así del resto de la misma pero eso no basta, se adueñó de mi mente, de mi cuerpo y sobre todo de mi alma, ahora soy suya para siempre. 

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