miércoles, 19 de marzo de 2014

Belleza Simple

Cuando me detuve a pensar en lo frágil que es la vida y cómo, de un segundo a otro, pasas de tenerlo todo a no tener nada, algo cambió en mi manera de ver algunas cosas. Hasta lo más simple tiene una belleza que no todos se detienen a ver y, más que todo, a apreciar.  

Ver cómo las hojas caen en un vaivén de los árboles hasta chocar con el frío suelo, sentir cómo el viento acaricia mi piel de la manera más suave y hasta el simple hecho de ver cómo la lluvia – tan llena de vida – baña cada flor que esté a su alcance y al terminar el recorrido se funde lentamente en la tierra es algo que me deleita cada vez más, me recuerda que hasta el más mínimo detalle que vemos pero ignoramos puede tornarse en algo con una belleza indescriptible. 

Incluso algunas cosas que suelen considerarse negativas tienen cierta belleza que me embriaga totalmente, cómo la lluvia, mi cosa favorita. Ella, viéndola desde un punto bastante fantasioso, viene cargada con tantas emociones. Verla caer y chocar es cómo presenciar la creación de un mar de melancolía que ha de ser sentido por quién la mire, mientras que sentirla deslizarse por cada centímetro de mi cuerpo es resucitar un puñado de emociones en mis entrañas haciéndome sentir una felicidad que hace bailar a mi corazón, una paz tan grande que me hace creer que nada importa y, sobre todo, una preciosa pero inexplicable libertad.

Tal y cómo ocurre con las cosas que he descrito anteriormente, ocurre con las personas. No hay más que agregarle a esto.

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