lunes, 3 de septiembre de 2018

Carta I; nunca será leída

Es curioso como, en la constante vorágine de pensamientos recurrentes, se pasea la idea de vivir la vida al máximo. Sí, un concepto bastante cliché, pero que a mis cortos 18 años he comprobado, bajo mi propia piel, es necesario cumplir. Pero por supuesto, ante la mínima brisa de libertad la mente humana se ocupa de dibujar siluetas y muros cada vez más altos para evitar dicho destino. En otras ocasiones, no se trata de la mente humana propia sino de la mente de alguien más, busca desesperadamente moldear a su manera a quienes le rodean, acto de egoísmo genuino. Quizá no lo notes, pero lo haces.
Todos se ocupan de decir que los años dd juventud son los mejores, que siempre los recordarás y debes tener experiencias mágicas e inolvidables de esos años pero, desde mi perspectiva, si estos son los mejores años.. ¿Valdrá la pena continuar bajo este yugo mandatario? En algún momento seré cual ave que vuela libre escapando de su celda, dejando atrás la vida en cautiverio, pero los fantasmas de las paredes que forjaste en mi interior persistirán por mucho más de lo que creo posible, sin importar cuán fuerte las derribe y con cuánto esfuerzo intente eliminar todo rastro de las mismas.
Me haces sentir en cautiverio. No. Creo que incluso los seres en cautiverio son más libres de lo que yo lo soy ahora. Mis días se basan en esperar, en pensar sobre algún día, cuando sea libre, y demás patrañas que solo alejan más y más la vida de mis años. Quiero vivir.
Recién a mis 18 años, comencé a darle vida a mis años. Quizá bajo mentiras, quizá bajo fuga, quizá bajo cosas de las que no me siento orgullosa, pero de esta manera lo quisiste tú. Cuando tú te vayas no quedará más nada que tu vívido recuerdo y la huella que dejaste en mí, pero ¿qué quedará en mí? Años vacíos por esperar, y esperar, y esperar a que decidieras liberarme.
No quiero hacer una guerra, porque ya muchas veces nos hemos enfrentado para solo terminar peor. Y guardo mis lágrimas de cada batalla como escudos que me protegen de la dureza de tus palabras.
No quiero hacer una guerra, pero tengo tantos sueños, tantas ideas, tantos planes que se han visto frustrados, frenados, pospuestos por ti y tu estúpida mente cuadrada.
Tómate un momento para imaginar cuánta alegría tendría tan solo de haber contado con una sonrisa y un "está bien, te apoyo en esto", pero ni eso pudiste (¿o supiste?) darme.

Te amo, lo digo de corazón, y con dolor.
Quizá nunca pueda perdonarte,
Quizá pueda perdonarte,
Pero los años pasan y pasan
Y yo sigo sin conocer la libertad,
Y mucho menos el amor de madre
¿Cómo podrías pedirme que olvide?

Tómate un momento para pensar en la cantidad de acciones y decisiones que he tomado nada más para complacerte a ti, para verte feliz a ti, para ver si por una vez en mi maldita vida podría verte sonreír por algo que hice, escucharte decir "estoy orgullosa de ti".
Nuevamente, ni eso pudiste darme. Solo más vacío, más heridas, más reproches.
Siendo honesta, a veces solo quisiera que me amaras, ¿sabes?
Y cómo anhelo poder complacerte, hacerte feliz y orgullosa, agradecerte por todo lo que has hecho por mí, pero ¿cómo? ¡¿CÓMO?! Solo termino luchando conmigo misma por ser todo lo contrario a lo que esperas, quieres, de mí.
Trato de convencerme de que no debo censurar mi manera de ser, de pensar, de actuar por los demás. Trato de convencerme de que no está mal ser como soy. Trato de convencerme de que no están mal los sueños que anhelo alcanzar. Trato, y trato,
y
  t
    r
     a
        t
          o
Sin resultado.
Duele.
Jamás encontraré las palabras ni las respuestas.
Lo siento por ser yo.
Mamá.

No hay comentarios:

Publicar un comentario