lunes, 15 de diciembre de 2014

Frío

Deslizándose lentamente por sus venas, como si del más letal veneno se tratase, se encontraba el amor que sentía por ella. Amor tan cálido que se deshacía fácilmente de los gélidos obstáculos cuales icebergs que le presentaba su amado, derritiendo cada centímetro de su ser, haciendo que su corazón volviese a nacer, tan cálido como los días de verano en que se encontraban. Cada beso posado en su piel con la delicadeza que solo poseía –lo que ella era para él– una muñeca de porcelana, con cada beso ella marcaba el rosa pálido de sus labios en la piel que tanto amaba besar de una manera que solo él podría ver, que quedaría como una quemadura sobre su piel y su corazón. Como el calor de sus labios era sentido por cada fibra de su delgado cuerpo. Como cada vez que juntan sus labios se convierten en el más hermoso supernova. Como ella misma y cada letra que escribía le pertenecía a él, y él a ella. Como su mirada solo podría llenarse de ternura al verla. Como su corazón estaría a punto de detenerse al cruzar sus miradas y ver su sonrisa, y como por ese instante era más suya que nunca.
Del interior de la fría bestia que era él, nació la dulzura que ahora le llenaba. Y así, ella dejó de creer en las personas frías.

No hay comentarios:

Publicar un comentario